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UNDERSUN: WULF & DAUGHTER Enero 24, 2008

Posted by worhaim in Ciencia, Ciencia Ficción, Física, General, Libros, Rol.
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Bueno, aqui va el primer relato que termino de Undersun. Es una ambientación de ciencia ficción que estoy modelando la verdad. Espero que os guste.

UNDERSUN – WULF & DAUGHTER

Sonaba trash metal o algo parecido. La camarera, una quinqui morena de pelambre enredada, se balanceaba con los ojos cerrados sin dejar de tararear el ritmo de la batería. Tres veces trató Tom de llamarla para que le trajera otro vaso, pero ella seguía a su bola. La clientela rehusaba a pedir nada, asqueados de aquella mierda de lugar. “Bar Wulf & Daughter”. El nombre de la estación relucía en neón entre las balizas de la ruta Me-T. En un dibujo bajo el cartel podía verse a un gorrino asustado, sabe dios por qué o de qué.

Habría veinte naves atracadas cuando Tom y los suyos llegaron. La Me-T no tenía mucho tráfico, pero tampoco es que la hubieran petado de estaciones, la verdad. Lo cual, en la opinión del mercenario, era una jodienda demencial. Si había algún lugar donde una nave podía cascar con facilidad, sin duda estaba en la ruta Me-T.

Tipper y Coll jugaban una partida de cartas con un transportista gordo y feo. Parece que iba ganando él. Buah, que más daría. Si les salía bien el trabajo, no tendrían que preocuparse por la pasta en una temporada. Habría soles de sobra para una vida o dos, claro está, si no lo perdían todo apostando antes. Dudaba que a los muchachos aquel dineral les durase más de un par de meses. En lo que a él se refería, Tom tenía muy claro que en cuanto cobrase se retiraba. Tenía apalabrada una parcelita en Titán, un sitio tranquilo al lado de un lago diminuto en el cráter Antamoa. No era muy grande, pero no le hacía falta más.

La música cesó de pronto y la camarera se le acercó con una sonrisa. Bastante mona.

- ¿Quieres algo? – la voz era bonita y juguetona.

- Un whisky o un polvo, lo que prefieras - Tom acarició la pistola, por costumbre, mientras le lanzaba su mejor mirada penetrante. Que dicho sea de paso, no era gran cosa.

- Tenías que haberme pedido el polvo directamente - le contestó ella, sirviéndole un vaso bien grande con hielo. – Si me das a elegir, prefiero algo por lo que vayas a darme dinero.

- ¿Y quién te ha dicho que vaya a dártelo? – se bebió la mitad del vaso de un trago. Quemaba, aunque no valía una mierda. Le dejó cinco soles en la barra, y guiñándole el ojo, volvió con los muchachos.

- ¿Qué, cómo va eso? – preguntó Tom. La verdad es que no hizo falta que contestasen, con un vistazo se dio cuenta de que muy bien no iba. A Tipper todavía le quedaban veinte soles con los que seguir jugando, pero Coll ya lo había perdido todo. “Trescientos soles a la basura. Y ahora querrá que les deje mas, como siempre” pensó Tom, esperando por la habitual súplica. Pero esta no llegó. Coll se levantó dirigiéndose al baño, visiblemente nervioso.

Intrigado, Tom le siguió. Le pilló metiéndose una dosis de Zen en el ojo derecho.

- No me mires así, joder – Tom no le miraba de ninguna manera especial, pero el mercenario era bastante suspicaz. – ¿Nunca te has metido o qué?

- Alguna vez que otra.

De los tres, sin duda Coll era el más idiota. No por el hecho de que no dejase de meterse cualquier cosa en cuanto podía. Mas bien, porque creía que sus dos colegas no lo sabían. Aunque esa no era la única razón, claro está. Lo peor de todo es que era un llorón de mierda, y había veces que a Tom aquello le sacaba de sus casillas. Un mercenario puede ser lo que quiera, pero no un cobarde. Si fuese chulo putas, todavía.

- Lo necesitaba, tío – su tono iba volviéndose más lento y calmado a medida que el Zen iba haciendo efecto. – Estoy muy acojonado. He buscado información del tal Riott. Le llaman el Muerto, ¿lo sabías?

- Si, lo sabía – contestó Tom, sacándose un cigarrillo. Coll estaba preparándose un segundo chute para el otro ojo.

- Dicen que tiene una enfermedad crónica desde hace años, pero que ni eso ha conseguido acabar del todo con él. Que en la Guerra se bajó tres fragatas alpha, una detrás de otra. Que…

- Que si, que se lo que dicen. ¿Y? También dicen que tu follas peces. ¿Follas peces, Coll? - lo cierto es que en más de una ocasión, Tom había llegado a pensar que aquel rumor sí que era cierto.

- Vete a tomar por el culo. Sabes muy bien de lo que hablo. Este tío es peligroso. De verdad.

¿Peligroso? Tom no dudaba de que así fuese. Chorbik, capitán de la Horda, también era peligroso. Pao de la Wu Long, lo mismo. Karl Kappland, los gemelos Gimines, Mateus Volga, todos lo eran. Podría recitarle cien hombres y mujeres peligrosos que habían caído a balazos en un bar de mala muerte como aquel. Al fin y al cabo, cualquiera con un arma podía ser bastante peligroso. Pero únicamente si era el primero en disparar. Si no tocaba el gatillo, peligro ninguno.

- Pues si es tan peligroso, no sé qué coño haces metiéndote Zen ahora- odiaba hacer de mama, pero Coll siempre le forzaba a ello. – Si quieres colocarte, por lo menos hazlo con un estimulante, joder.

- Que te follen.

- Bah, haz lo que te dé la gana.

Se largó, dejando al muy mamón en la tercera dosis. Discutir no llevaba a ninguna parte. Era su vida, podía hacer lo que quisiese. Tarde o temprano acabarían metiéndole un tiro entre ceja y ceja, eso Tom lo tenía muy claro. Se lo estaba ganando a pulso.

La música había vuelto al bar, un clasicazo de más de mil años, igual de malo entonces que ahora. Tipper estaba solo, el camionero debía haberse largado tan contento con todo. Su colega asintió a modo de saludo.

- Ya se está chutando otra vez, ¿no? – preguntó Tipp, de mala ostia.

- Si.

- Van a acabar dándonos por culo por su culpa – siguió Tipper. – Encima se estará metiendo Zen. Es lo que le mola ahora.

- Si. Déjale, no creo que importe. Solo tenemos un objetivo. No nos hará falta.

- ¿No nos hará falta? – dijo Tipp, alzando la voz demasiado. – ¿Y a la hora de repartir el dinero que, nos va a hacer falta? No me jodas. Ese imbécil no hace más que retrasarnos.

La camarera le trajo a Tipper una cerveza, momento que Tom aprovechó para darle una palmada en el culo. Ella se río, sacándole la lengua, y volvió a la barra. “Que pena que haya trabajo” pensó Tom. Luego se volvió hacia Tipper, que todavía esperaba una respuesta.

- Necesitamos un piloto, Tipp.

- Ostias, necesitamos. Ya llevo varias semanas mirándome el manual y si no me pides demasiado, creo que podría controlar yo la nave.

- ¿En serio? - Tom no pudo evitar soltar una carcajada – ¡Si ni siquiera sabes conducir un coche, joder!

Una voz de mujer resonó en los altavoces del bar, dejando en segundo plano la música. “Estación Wulf & Daughter, la Undersun solicita permiso para atracar.” La camarera se acercó a una terminal en la barra, mantuvo una brevísima charla y se volvió para atender a un cliente.

- Esa es. Prepárate.

- Estoy listo – asintió Tipp, desenfundando la pipa bajo la mesa. – Llama a Coll, vamos.

- Voy.

Coll debía haberlo oído, porque en ese momento volvió del baño. Tenía una estúpida sonrisa de yonqui en la cara, pero al menos parecía estar despierto. Ninguno dijo nada, se limitaron a permanecer sentados en su mesa, y esperar. Por extraño que pareciese.

Pasaron diez minutos hasta que entró por la puerta del fondo, subiendo por el pasillo inclinado. Era él, sin duda. Pelirrojo, alto y fuerte. La mitad izquierda de su rostro estaba bastante morena, la derecha, muy pálida, formando un extraño contraste. Vestía una gabardina blanca y un chaleco gris. Del cinturón le colgaba una R-M55, y una navaja de dimensiones considerables. Pasó delante de ellos y se sentó en un taburete en la barra.

- Vozka, plis – pidió “El Muerto” – El mejor que tengas. Llevo diez días a base de agua, estoy hasta los huevos ya.

La chavala le trajo una botella y un vaso. Todo el bar estaba pendiente de él. La verdad es que llamaba bastante la atención.

- Oye, grumetilla, ya que estás. ¿No ha preguntado nadie por mí?

- Ni idea – la camarera se encogió de hombros.

Aquel era el momento, pero no le tenían a tiro. Se había puesto al fondo, cubierto por las mesas y la barra. Tendrían que acercarse. Se pusieron los tres en pie, y fueron para allá.

- Pardiez, pero que idiota, si no me he presentado siquiera. Riott Worhaim, a tu servicio. Capitán, pirata, mercenario, filibustero, y pendenciero en los ratos libres.

- Ajam – la verdad es que la chica no parecía ni interesada ni impresionada. “El Muerto” suspiró con tristeza, y prosiguió.

- A ver, muchachuela, ¿no te han dado un mensaje o algo parecido? Que raro, se suponía que…

Los tres mercenarios se colocaron a su alrededor, sujetando las pistolas bajo los abrigos. “El Muerto” se volvió hacia ellos, sonriéndoles como un bobo. Iba a ser coser y cantar.

- Anda mira, estos rapazuelos deben ser los que me buscan. ¿Decid, para que me habéis llamado?

- El Lobo Azul te envía recuerdos – dijo Tipp.

Bang. Se oyeron tres disparos, una botella de vozka estrellándose contra el suelo, y un gemido, casi al tiempo. Luego hubo un breve silencio. La clientela echó un rápido vistazo, pero sabiamente volvieron a bajar sus cabezas y seguir a lo suyo. La única que se inmutó fue la propia camarera.

- ¡Pero qué cojones! ¡Os habéis vuelto locos o que!

- ¡Cierra la boca, puta! - le gritó Tipp, apuntándole con la pistola. La muchacha se puso lívida, pero no dijo ni mus.

El trabajo estaba hecho. Tipper se acercó al cuerpo, dándole la vuelta para comprobar que no tuviese pulso. Con delicadeza, Tom sacó un puro que tenía guardado en el bolsillo. Lo había reservado para la ocasión.

- ¿Está muerto? – preguntó Coll, temblando de los nervios.

- Claro que si - respondió, demasiado tarde, “El Muerto”. Un balazo voló la cabeza de Tipper desde el suelo. Con un chillido Coll comenzó a disparar como un loco, sin apuntar siquiera.”El Muerto” saltó al otro lado de la barra, cubriéndose con rapidez. Se oyó un tiro. Tom salió despedido hacia atrás. Derribo una mesa con un golpe sordo, y quedó allí tirado. No le había dado tiempo siquiera a soltar el habano.

Se llevó la mano al pecho. Sangraba. Un enorme boquete le decoraba el estomago. Nada más verlo, supo que no saldría de aquella. A su alrededor se oían disparos, gritos, gente corriendo, pero a Tom eso le daba igual. Pensaba en su casita en Titan, en que había tirado la entrada para nada. ¿Quién la compraría ahora? Bueno, eso nunca lo sabría, la verdad.

Pasaron unos segundos, y alguien se acercó a él. El Muerto le alzó la cabeza, mirándole con cara de pocos amigos.

- Fenrir, ¿qué sabes de él? ¡Vamos, dímelo!

¿Fenrir?

- No… se… quién…

- ¡El Lobo Azul! ¡¿Dónde está?! – le apremió el Muerto, zarandeándole por los hombros.

El Lobo Azul. No recordaba ya de cómo ni dónde. ¿Donde les había contratado? Júpiter… ¿En Calisto? Si. Allí fue.

- En Ca… Calisto. Milleuda.

El Muerto le miró unos instantes, valorando si decía o no la verdad. Luego le soltó con rudeza, y se largó.

Tom miró a su alrededor. La camarera tomaba el pulso de Coll, que tenía los ojos fijos en el techo, mudo. Luego corrió hasta donde estaba él.

- ¡Ey! Sigues vivo. Tranquilo, todo saldrá bien. Hice un cursillo, no te preocupes…

- Antamo…En… en… mi… bolsi…

- ¿Qué?

Tom trató de explicárselo, pero no le salieron las palabras. No tuvo tiempo de volver a intentarlo.

De todos modos, la camarera no era idiota. Cuando miró en la chaqueta, encontró una foto. En ella podía verse una casita gris, junto a un lago. Nunca supo que quería el mercenario que hiciese con ella, pero de todos modos, la guardó en un cajón de su mesita. Y ahí quedó.

Presentación de “Music Of The Spheres” Enero 24, 2008

Posted by Amarok in Música.
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El compositor Mike Oldfield va a presentar en directo su nuevo disco, titulado Music Of The Spheres (y que ya debería haber sido publicado hace varios meses….), en un acto que se celebrará el día 7 de marzo en el Museo Guggenheim de Bilbao, y  que contará con la participación de la Orquesta Sinfónica de Euskadi.