Tabula rasa Vs. Innatismo Mayo 1, 2008
Posted by Amarok in Filosofía.add a comment
¿Cuando nacemos nuestra mente, nuestro cerebro está vacío de conocimientos, como si de una hoja en blanco se tratase, o por el contrario llegamos a este mundo con algunas ideas aprendidas? Esta pregunta ha sido formulada cientos de veces a lo largo de la historia de la filosofía, pero parece que nadie ha sido capaz de proponer una respuesta totalmente irrebatible.
Ya en la época de los filósofos griegos podemos encontrar una posible respuesta a esta cuestión: según Platón, las personas obtienen sus conocimientos mediante un proceso de memoria. Todo lo que una persona aprende es algo que ya sabía pero que su cerebro no era capaz de recordar. Así que según Platón nacemos con unos conocimientos que son olvidados para luego ir recuperándolos paulatinamente.
Mucho tiempo después, en el siglo XVII, el pensador británico John Locke postuló la hipótesis conocida como tabula rasa. Según Locke, la mente de un neonato no es más que una hoja en blanco, sobre la que se van registrando datos y sensaciones por medio de las experiencias vividas; para él no existía ninguna clase de conocimiento innato sino que todo los conocimientos debían ser obtenidos a través de la experiencia. Locke distinguía dos tipos de experiencia: interna y externa. La experiencia externa o sensación es la que nos proporcionan los sentidos, mientras que la experiencia interna es la reflexión, definida como la percepción que tiene la mente de su propia actividad mental. La hipótesis de la tabula rasa es el origen de la corriente filosófica conocida como empirismo.
Como contraposición al empirismo surgió otra doctrina filosófica: el innatismo. Esta doctrina afirma que sí se nace con algún tipo de ideas innatas y con ciertas pautas para la obtención de nuevos conocimientos o para guíar el comportamiento humano.
Un profesor de Lengua y Literatura en la ESO nos habló de estas teorías y nos comentó que por lo menos en el ámbito de la Lingüística sí es posible que el cerebro contenga ciertas pautas innatas ya que resulta curioso que los niños pequeños sean capaces de articular frases correctamente, con cierta lógica, sin saber nada sobre estructura gramatical.
Todos los seres vivos, incluidos los humanos, tienen unos ciertos instintos (supervivencia, reproducción…), que no son aprendidos de los progenitores sino que más bien parecen venir incluidos en el código genético.
Así que, por lo menos en lo que se refiere al simple hecho de sobrevivir, tenemos que darle la razón a los innatistas. Sin embargo, una vez queremos comprender la naturaleza que nos rodea, la balanza se inclina hacia el lado del empirismo. Todos nacemos sabiendo que cuando se tiene hambre es necesario comer, pero nadie nace sabiendo la Ley de Gravitación Universal o la Ecuación de Schrödinger.