¿Nos olvidamos de la ciencia? Mayo 6, 2008
Posted by Amarok in Ciencia, Reflexión, Religión.4 comments
¿Por qué cuando un paciente en estado muy grave se recupera de su dolencia lo más común es atribuir dicha curación a un milagro obrado por algún santo o divinidad, en vez de alabar el buen hacer de los doctores? ¿Y por qué cuando un paciente en estado muy grave acaba dejando este mundo siempre se le echa la culpa a los médicos y se les acusa de negligencia, en vez de pedirle cuentas a la deidad en que se cree? Parece que únicamente nos acordamos de los médicos, de la ciencia, cuando cometen algún fallo. Sin embargo, nunca reconocemos la labor que realizan y el esfuerzo que supone. Esto quizás sea así porque estamos tan acostumbrados a las comodidades y servicios proporcionados por los avances de la ciencia que ignoramos lo que ha costado llegar hasta este estado y damos por hecho que esos servicios siempre han existido y siempre han de estar ahí cuando se les necesite.
A lo largo de la historia, los investigadores han tenido que enfrentarse una y otra vez a las ideas establecidas, al paradigma de su época, defendido generalmente por una religión, llegando a arriesgar sus vidas e incluso perderlas por el crimen de querer mostrar la verdad de la naturaleza al resto de seres humanos. Gracias al trabajo de los científicos, hemos alcanzado el nivel tecnológico del que disfrutamos actualmente: tenemos una vida más larga y sana que en el pasado (debido principalmente al uso de vacunas, a la erradicación de diversas enfermedades…), podemos viajar de un sitio a otro sin que esto implique pasarse meses o incluso años en los caminos, somos capaces de comunicarnos casi instantáneamente con cualquier punto de nuestro planeta… ¿y todo esto nos lo han proporcionado los místicos y espirituales, los líderes de las religiones? No, todo esto se lo debemos a la ciencia y a la tecnología.
Pero normalmente cuando se habla de los científicos se recurre al tópico del investigador loco y megalómano cuyo único objetivo es desarrollar el arma más poderosa imaginable, con la que piensa destruir el mundo. Raramente se alude al científico filántropo que se preocupa de hacer la vida más fácil a los demás.
Ya va siendo hora de que la gente deje de pensar en lo que el espíritu va a poder hacer por ella, y reconozca lo que la ciencia ya ha hecho por la humanidad.