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El tiempo es extraño Mayo 12, 2008

Posted by destructoradelcaos in General.
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Su extrañeza procede, sobre todo, de lo familiar que nos resulta. No pasa un día sin que lo tengamos en cuenta. Lo medimos, pero no podemos verlo. Es tan evanescente como el alma, y a la vez se trata de un fenómeno físico, demostrable y universal. San Agustín resumió estas contradicciones con la apostilla: Si non rogas, intelligo (“Comprendo lo que es si no me lo preguntas”).

Científicos y filósofos has debatido sobre el tema sin llegar a un acuerdo. Ello se debe a que el tiempo parece adoptar un disfraz distinto según cómo lo estudiemos, incluso como lo experimentemos. Para el físico, la definición de “un segundo” es el lapso exacto que transcurre entre 9192631,770 latidos de un átomo de cesio. Para el Astrónomo, un segundo puede equivaler a la unidad dividida entre 31556925,97474, que es el tiempo que tarda la Tierra en desplazarse trescientos sesenta grados, es decir, el año trópico. Pero, como sabe cualquier persona que aguarda la llegada del medico que le comunicará si ha tenido éxito la operación a vida o muerte del ser que ama, un segundo de cesio o astronómico no son siempre iguales a un segundo. Los segundos pueden arrastrarse con suma lentitud en nuestro cerebro.

La idea de un tiempo subjetivo no resulta ajena a la ciencia y la filosofía más antiguas. Los sabios nunca habían tenido inconveniente en suponer que el tiempo psicológico podía variar según el sujeto, y sin embargo estaban convencidos de que el tiempo físico era único, inmutable para todos los observadores.

Pero se equivocaban.

En 1905, Albert Einstein asestó un golpe definitivo a esa creencia con su teoría de la relatividad. No existe un tiempo privilegiado, sino tantos como lugares de observación, y es inseparable del espacio: no se trata, pues, de una entelequia o una sensación subjetiva, sino de un requisito indispensable de la materia.

Sin embargo, este hallazgo dista mucho de aclararlo todo respecto a nuestro escurridizo amigo. Pensemos, por ejemplo, en el movimiento de las manecillas de un reloj. Intuitivamente sabemos que el tiempo avanza. ! Que rápido pasa!, nos quejamos. Pero ¿tiene sentido afirmar eso? Si algo avanza, lo hace a una velocidad determinada, ¿y a que velocidad avanza el tiempo? Los estudiantes de bachillerato que caen en la trampa que tiene esta pregunta falsamente sencilla contestan, a veces: “A un segundo por segundo”. Pero esto carece de sentido. La velocidad relaciona siempre una medida de distancia con otra de tiempo, de manera que no es posible responder: “A un segundo por segundo”. Aunque el enigmático Señor Tiempo se mueve, no nos ponemos de acuerdo sobre su velocidad.

Por otra parte, si realmente se trata de una dimensión más, tal como afirma la relatividad, es bastante distinta de las otras tres: porque en el espacio podemos deslazarnos arriba o abajo, a izquierda y derecha y adelante y atrás, pero en el tiempo solo podemos ir hacia delante. ¿Por qué? ¿Qué nos impide volver a lo ya vivido, o siquiera volver a verlo?

Continuamos ignorándolo casi todo sobre esta parte indispensable de la realidad, que avanza en una sola dirección a velocidad desconocida y que únicamente comprendemos si no nos preguntan qué es.

Muy extraño.