El principio de mediocridad (II): sociedad Mayo 13, 2008
Posted by Amarok in Filosofía, Reflexión.add a comment
El principio de mediocridad aplicado a la sociología nos dice que el mundo está gobernado por los mediocres. Todos los humanos, y por tanto todas las instituciones, principios y formas de vida creados por ellos, son mediocres, y que lo que triunfa en este mundo es aquello que disimula mejor su propia mediocridad.
Este principio nos lleva a la teoría de la imperfección que afirma que nada creado, ideado o inspirado por la humanidad puede llegar a ser perfecto, ya que el propio ser humano no lo es. A pesar de esto, la masa ignora la imperfección de sus creaciones y puede llegar a ensalzarlas como auténticas obras de arte, sin darse cuenta de sus fallos.
Para que una idea, un producto, una moda, incluso un partido político, triunfe debe ser aceptado por gran parte de la sociedad, lo que implica llegar hasta los mediocres. Por esto se afirma que es el mediocre el que manda, el que realmente produce los cambios, y aquellos que se salen de la media, bien por exceso o bien por defecto, en cualquier faceta, no ejercen ninguna influencia relevante sobre el mundo.
Es cierto que para que un movimiento tenga éxito, para que un cambio se produzca, éste debe ser apoyado por la masa, por los mediocres, pero estas personas por sí solas no serían capaces de producir ese cambio, seguirían viviendo su vida tal y como se les ha dado. No tendrían capacidad para enfrentarse a ella, no sabrían que hacer y probablemente ni siquiera se lo plantearan. Resulta necesario alguien por encima de la media, alguien sobresaliente, capaz de ver y entender lo que los demás no pueden, para iniciar dicho cambio. La masa, para movilizarse, necesita un líder al que seguir y este líder debe ser alguien excepcional (por eso un país con gobernantes mediocres nunca llegará a conseguir nada, siempre irá a remolque del resto de estados…).
Sabemos que no todas las personas tienen las mismas capacidades, hay algunas más dotadas para la música, otras para la pintura o literatura, otras con gran carisma y facilidad para el liderazgo, así que el principio de mediocridad cae en una generalización totalmente errónea: aunque la mayoría de la gente no se salga de la media, siempre habrá individuos que sobresalgan y hagan aportaciones excepcionales a la humanidad.
El verdadero problema para una sociedad surge cuando ella misma quiere ver correctamente aplicado este principio, buscando la completa integración en la masa, cuando lo que debería buscar es la excelencia de al menos una mínima parte de sus miembros.