El Baúl de Newton Mayo 20, 2008
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A mediados de julio de 1936, se subasta en Sotheby’s (Londres) el contenido de un baúl metálico lleno de manuscritos de…Isaac Newton. A través de la descendencia de Catherine Barton, sobrina de Newton, ese baúl acaba en manos del vizconde de Lymington. A principios de 1936, el aristócrata decide poner a la venta el conjunto de documento de Newton que su familia posee desde hace 200 años para sacar a flote sus finanzas, pagar unos derechos de sucesión, los gastos de un divorcio, y dicen algunos, financiar la Unión Británica de Fascistas.
Esos documentos, que tratan esencialmente de alquimia y de teología, y no tienen, por tanto, carácter directamente científico, los había rechazado anteriormente, en 1872, la Universidad de Cambridge. Sotheby’s redacta un catálogo; se constituyen unos lotes que se ponen a la venta. Las instituciones no muestran interés por los artículos; Lymington recaudará sólo 9000 libras esterlinas. La mitad de los lotes, sobre todo los que tratan de alquimia, serán adquiridos por el economista John Maynard Keynes, coleccionista de textos científicos antiguos, en el intento de evitar la dispersión de los manuscritos; tras la muerte de éste, se pondrán a disposición de los historiadores.
La mayor parte de los textos de teología serán adquiridos por Abraham Shalmon Ezekiel Yahuda, profesor de lenguas orientales y coleccionista de textos religiosos.
Cuál no sería la sorpresa de Keynes al descubrir, en aquél baúl, la naturaleza de los textos alquímicos de Newton. Escribió: “Newton ha resultado ser el último mago del siglo de la razón”. Estos textos, redactados a lo largo de su vida, compilan y estudian los escritos de los siglos anteriores; mediante un vocabulario abstruso y esotérico, describen unas operaciones más próximas a la magia que a la química. El célebre baúl de Newton devolvió el interés por el ilustre físico y reveló al gran público sus inclinaciones por el hermetismo. El genio se convierte en un personaje denigrado, calificado de esotérico, de místico y, según su inspiración, de mago. Críticas tan desmesuradas se aplacarán en los años sesenta del siglo XX, cuando se le considerará de nuevo un científico racional, con un profundo interés por hallar en los “Antiguos” verdades que arrojen luz sobre la compresión de la naturaleza, si bien pretencioso y persuadido de haber sido elegido por Dios para interpretar los misterios de la naturaleza.
Dimensiones adicionales (Cuerdas y tubos) Mayo 20, 2008
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La teoría de Kaluza-Klein y la teoría de cuerdas incluyen, aparte de las tres que percibimos, minúsculas dimensiones espaciales adicionales. Para imaginárnoslas, pensemos en un espacio consistente en un tubo muy largo y muy fino. Visto de lejos, parecería no tener más que una dimensión, pero al ampliarlo mucho se pondría de manifiesto su forma cilíndrica. Cada punto sin dimensiones de la línea resultaría ser un círculo unidimensional del tubo. Según la teoría de Kaluza-Klein, cada punto de nuestro conocido espacio tridimensional es en realidad un diminuto círculo.
Según la teoría de cuerdas, lo que parecen partículas puntuales son en realidad pequeñas cuerdas. Predice además la existencia de objetos parecidos a membranas, las branas, de distinta dimensionalidad. Las cuerdas con extremos siempre los tienen en una brana. Las que son arcos cerrados están libres de esa restricción.
La teoría de cuerdas también incorpora la teoría de Kaluza-Klein, que representamos de nuevo como una línea del espacio que en realidad es un tubo. Corre a lo largo de este tubo, poblado por cuerdas, una brana unidimensional. Algunas de las cuerdas envuelven la circunferencia del tubo una o más veces. A pocos aumentos, las cuerdas parecen partículas puntuales y la dimensión adicional, incluyendo la brana no se observa.